La cuestión del sur: exclusión política, marginación económica y división interna en Yemen

Escrito por J. Comins y editado por Pilar Comín para AISH

Han transcurrido más de dos décadas desde la unificación del territorio yemení en un solo país bajo el paraguas de unas instituciones políticas comunes. Oficialmente, la integración tuvo lugar el 22 de mayo de 1990, una fecha que sigue siendo festejada por la población y en la que dejaron de existir dos modelos políticos y económicos dispares: la República Árabe de Yemen —noroeste— y la República Democrática Popular de Yemen —sureste—. Sin apenas tiempo para que madurara el proyecto, el estallido de la guerra civil de 1994 rompió el equilibrio buscado. Desde entonces, la victoria del ejército del norte se ha traducido políticamente en la desatención de las demandas políticas, económicas y sociales provenientes de los habitantes del sur.

Desde hace ya tiempo, el Gobierno yemení mantiene dos frentes simultáneos en las provincias meridionales del país. Uno es la lucha contra el terrorismo y  consiste en la eliminación física de los militantes de al-Qaeda y Ansar al-Sharia. Si bien durante las últimas semanas esta táctica parece haber dado resultado, también ha influido en el agravamiento de la situación humanitaria en Abián, según alerta el Comité Internacional de la Cruz Roja. A la precariedad de los servicios sanitarios, del suministro eléctrico y del abastecimiento de agua, se ha unido recientemente la escasez de alimentos. Una situación que, como advierte dicho organismo, podría ocasionar el éxodo de 100 000 yemeníes. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados subraya que actualmente hay unas 347 000 personas desplazadas internamente en Yemen.

El segundo frente tiene que ver con la gestión de la integración, intencionadamente asimétrica, del norte y el sur. El movimiento opositor del sur reclama el fin de la exclusión política y la marginación económica impuesta desde Saná. En concreto, se demanda la equiparación de derechos con los habitantes del norte, quienes acaparan la mayoría de los puestos clave en la Administración. Asimismo consideran necesaria una reforma que lleve hacia la redistribución más equitativa de los ingresos derivados de la extracción y venta de hidrocarburos procedentes de los yacimientos del sur. Ese desequilibrio, consecuencia del revanchismo imperante tras la guerra civil, es, en el contexto actual tras la caída del presidente Saleh, un factor que obstaculiza y ralentiza cualquier intento de transición política y de reforma de las instituciones.

Otra de las dificultades que lastran el avance hacia una solución permanente es la división entre unionistas y separatistas en emplazamientos tan significativos como Adén, feudo del movimiento separatista al-Harak. La ciudad, que en otro tiempo fue considerada un ejemplo de prosperidad económica y comercial en el sur de la península arábiga, se halla hoy bajo el influjo de una polarización creciente, materializada en los enfrentamientos que ambas tendencias protagonizan en las calles. A lo que hay que sumar la entrada del ejército estos días y que, según testimonios locales, ha provocado varias bajas civiles. Algunos medios locales como Yemen Observer, han llegado a afirmar que la localidad de Adén se ha convertido durante los últimos meses en un auténtico escenario de guerra. La salida a esta complicada situación, según el nuevo gobernador de la provincia, Wahid Rashid, pasa por la implementación de un proyecto de descentralización política y desarrollo económico.

Además, el movimiento opositor del sur se encuentra fragmentado ideológicamente. Lejos de constituir un bloque homogéneo, lo integran diversas corrientes, cuyas demandas oscilan desde la independencia hasta el sistema federal con autonomía reforzada para las provincias de sur. Otro sector se conforma con la garantía de sus derechos en el marco de un Estado unitario. Con tales premisas, parece claro que las distintas facciones deberán superar sus diferencias internas si finalmente deciden acudir a la mesa del diálogo nacional. Una iniciativa que, por lo demás, «no recoge la cuestión del sur en su lista de prioridades», según recuerda Amen Saleh, uno de los líderes del sur.

Sin apartarse de la hoja de ruta marcada por el Consejo de Cooperación del Gofo —y avalada por las resoluciones 2014 y 2051 del Consejo de Seguridad—, el presidente Abd Rabbuh Mansur Hadi tiene ahora una oportunidad excelente para reconocer públicamente la importancia de la cuestión del sur, situándola entre las prioridades de su Gobierno. Los habitantes del sur necesitan obtener ciertas garantías de que sus reivindicaciones no se disolverán como azucarillos entre los múltiples desafíos que afronta el país. La edificación de Yemen pasa, en primer lugar, por la reconstrucción y el fortalecimiento de su integridad territorial. Una vieja aspiración puesta en marcha en 1990 y truncada durante los primeros años de su andadura.

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J. Comins

J. Comins es politólogo especializado en diplomacia y relaciones internacionales, así como en estudios árabes e islámicos contemporáneos. Tras haber participado en las operaciones de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas en República Centroafricana (MINUSCA) y Mali (MINUSMA) durante varios años, actualmente trabaja como asesor de seguridad para International NGO Safety Organization (INSO) en Afganistán. Además, de manera ocasional, colabora en la publicación de análisis para el Instituto Español de Estudios Estratégicos (Ministerio de Defensa) y el Grupo de Estudios sobre Seguridad Internacional (GESI) del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Granada, entre otros.

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