ARABIA SAUDÍ: Fisuras diplomáticas con Egipto

Escrito por J. Comins y editado por Pilar Comín para AISH.

Arabia Saudí y Egipto son los actores con mayor peso estratégico en Oriente Próximo. Ambos forman parte, junto a Israel, del eje de poder El Cairo-Jerusalén-Riad, definido por Washington a finales de los setenta para garantizar la seguridad y la estabilidad regional. Esta alianza, forjada durante las décadas anteriores, está encontrando ciertas fisuras con la llegada de los Hermanos Musulmanes a las instituciones egipcias. Sea cual sea la nueva fórmula de equilibrio, el futuro de la comunión egipciosaudí pasa por la redefinición y la adaptación de sus relaciones al nuevo contexto político.

Si los problemas derivados de la aglomeración de peregrinos en la Meca es todos los años una fuente de preocupación para el régimen saudí, ahora ya no es la única[1]. El ministro saudí de Asuntos Exteriores, Saud al-Faisal al-Saud, ha pedido a los peregrinos egipcios que se abstengan de hacer propaganda y de mantener reuniones con fines políticos durante la multitudinaria congregación religiosa que tendrá lugar el próximo otoño, según informa Al-Quds al-Arabi. Sin lugar a dudas, el mensaje tiene un alcance que va más allá de los aproximadamente 82 000 egipcios que obtendrían un visado para cumplir la peregrinación[2]. En realidad, se trata de una cifra ridícula si se compara con sus casi tres millones de compatriotas inmigrantes en Arabia Saudí. Hasta el momento, Riad ha neutralizado con éxito cualquier atisbo de oposición en las calles, pero ahora teme que una oleada masiva de protestas alcance el corazón de lugares sagrados para el islam.

Las autoridades saudíes pretenden evitar un nuevo episodio de la crisis abierta por la detención de Ahmed el-Gizawi el pasado 18 de abril en el aeropuerto de Yeda (Arabia Saudí). A este abogado y activista egipcio proderechos humanos se le acusa de posesión y tráfico de fármacos ―pastillas ansiolíticas― cuya venta es ilegal en el reino saudí. Con anterioridad, el-Gizawi había interpuesto una demanda ante un tribunal en el sur de El Cairo, en la que denunciaba la existencia de ciudadanos egipcios retenidos en las cárceles saudíes sin cargos pendientes. Tales hechos provocaron la llamada  a consultas al embajador saudí en Egipto y el cierre de la legación diplomática durante varios días, tras los incidentes de seguridad registrados a sus puertas.

Es un secreto a voces que las relaciones entre Egipto y Arabia Saudí se han recalentado últimamente. Los efectos turbulentos de la Primavera Árabe han favorecido un escenario plagado de contradicciones que deben ser reajustadas. Por un lado, el país más grande e influyente de la península arábiga es, a su vez, un donante importante de ayuda y el segundo mayor inversor directo extranjero en Egipto, por detrás de los Emiratos Árabes Unidos[3][3]. Como anuncia el diario Al-Arabiya, Arabia Saudí ha aprobado en fechas recientes un paquete valorado en 343 millones de euros para financiar proyectos de desarrollo, entre otras transferencias.

Por otro lado, los Hermanos Musulmanes, claros vencedores en las urnas egipcias hasta el momento, representan un modelo ideológico en abierta competición con los fundamentos del wahabbismo patrocinado desde Riad. Mientras los monarcas saudíes deben su legitimidad al apoyo de los ulemas ultraconservadores, la hermandad creada por Hasan al-Banna siempre ha abogado por una islamización de la sociedad desde abajo, a través del sistema educativo, como fundamento de su legitimidad. Ante ese desacuerdo, una de las claves de la reconfiguración de las relaciones egipciosaudíes es la influencia que Riad sea capaz de ejercer sobre los salafistas del partido al-Nur, segunda fuerza política en Egipto.

Por último, la advertencia a los peregrinos constituye una muestra de la firmeza con la que el régimen saudí está dispuesto a afrontar eventuales desórdenes que no está dispuesto a tolerar. Todavía está por ver si tal amenaza se extenderá a la política de concesión y renovación de visados a trabajadores egipcios —teniendo en cuenta que, tradicionalmente, Riad ha utilizado dicha política como herramienta de presión a fin de asegurarse la lealtad política de sus vecinos árabes— o se limitará a evitar que la peregrinación de este año se convierta en escenario de reivindicación política y social.

 


[1] Según los datos publicados por el Departamento Central de Estadísticas e Información del gobierno saudí (CDSI, por sus siglas en inglés), en el 2011 los peregrinos fueron 2 927 717, de lo que dos tercios no eran saudíes.

[2] Las normas regulatorias establecen, con carácter general, la concesión de 1000 visados por cada millón de habitantes.

[3] Datos del Informe económico y comercial sobre Egipto, elaborado por la Oficina Económica y Comercial de España en El Cairo. Actualizado a diciembre de 2011.

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J. Comins

J. Comins es politólogo especializado en diplomacia y relaciones internacionales. Durante los últimos años ha participado en las operaciones de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas en República Centroafricana (MINUSCA) y Mali (MINUSMA), y trabajado como asesor de seguridad en el ámbito humanitario para la fundación International NGO Safety Organisation (INSO) en Afganistán. De manera ocasional, colabora en la publicación de análisis para el Instituto Español de Estudios Estratégicos (Ministerio de Defensa) y el Grupo de Estudios sobre Seguridad Internacional (GESI) del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Granada.

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