Yihadismo en África: algunos apuntes sobre Boko Haram y As-Shabab

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África es un espacio de marcados contrastes. Allí coexisten, en una especie de melé africana, dos versiones de un continente que combina ciertas dosis de su reconocido potencial económico con serios desequilibrios estructurales, entre los que destaca la amenaza del terrorismo. El movimiento yihadista global, a través de sus diversas franquicias, constituye un importante desafío para la estabilidad regional del Sahel y sus territorios adyacentes, incluido el Cuerno de África.

En términos globales, Somalia y Nigeria son los únicos países africanos que figuran entre los diez que más ataques terroristas recibieron en 2013. Así lo demuestran los datos recogidos en el anexo estadístico que acompaña al último informe anual sobre terrorismo (Country ReportsonTerrorism 2013) preparado por el reconocido think tank START Consortium—Universidad de Maryland— y publicado por el Departamento de Estado estadounidense. En el Estado somalí, se ha producido una intensificación tanto de los ataques (+6%) como de los fallecidos a causa de estos (+26%) con respecto a 2012. Por lo que se refiere a Nigeria, el total de víctimas mortales ha crecido casi un tercio en el último año (+31%), pese a que el número de agresiones se redujo prácticamente a la mitad (-45%).

A Boko Haram se le atribuyen siete de cada diez ataques perpetrados en Nigeria en 2013. En ese mismo periodo, Harakat as-Shabab al-Muyahidín dio un salto significativo en relación al año anterior y llegó a monopolizar las acciones terroristas en Somalia. Además, ambos grupos ofrecieron sobradas muestras de su elevada letalidad, que rebasó con holgura la media global de fallecidos por ataque (1,84). En esta línea se inscriben, por ejemplo, el atentado contra el centro comercial Westgate en Nairobi, que arrojó un saldo de más de sesenta muertos; y el ataque en la localidad nigeriana de Beni Shiek (Estado de Borno), donde el asalto de milicianos uniformados sobre la población civil acabó con la vida de 142 personas el pasado mes de septiembre.

Otra dimensión que conviene señalar es la creciente internacionalización de As-Shabab y la previsible ampliación de los ataques de Boko Haram más allá de los límites de Nigeria. El reciente atentado en un restaurante de Yibuti, en el que han resultado heridos varios militares españoles, marca un hito en la historia del grupo somalí. Pues hasta ahora, los ataques de As-Shabab en el exterior se habían concentrado principalmente en Kenia —que llegó a recibir el 22,5% de sus agresiones totales—. Por su parte, Boko Haram podría aprovecharla debilidad institucional de sus vecinos —Níger, Chad y Camerún— y la porosidad de sus fronteras comunes, para establecer bases y/o ejecutar acciones terroristas, como el secuestro de una familia francesa en territorio camerunés en febrero de 2013.

Una de las fuentes principales de preocupación es, junto a lo anterior, la existencia de lazos de colaboración entre los grupos terroristas que operan en la región. Se trata de una cooperación que abarca elementos operacionales y logísticos y que, sin duda, contribuye a la consolidación del terrorismo yihadista en la zona. En este sentido, destacan las conexiones de Boko Haram con AQMI, MUYAO y Ansar ad-Din. Y la estrecha relación entre As-Shabab y su organización afiliada, Al-Hiyra, heredera del MYC (Muslim Youth Center) que le presta su apoyo desde las costas de Kenia y Tanzania, aunque tiene su base en uno de los distritos de Nairobi.

Con tales premisas, no es de extrañar que, tanto las instituciones europeas como las Naciones Unidas, hayan centrado últimamente su atención en el yihadismo que aflora en las áreas contiguas al territorio saheliano; y en concreto, sobre las actividades de Boko Haram, teniendo en cuenta la escalada de letalidad y el riesgo de su expansión regional. Entre las medidas adoptadas, sobresale la inclusión de la organización encabezada por Abubakar Shekau en la lista del Comité de Sanciones de al-Qaeda del Consejo de Seguridad. Previamente, el Consejo de Asuntos Exteriores de la UE celebrado en mayo ya había puesto de manifiesto la preocupación por los recientes ataques contra la población nigeriana.

Con todo, aún está por ver si las conclusiones del Consejo se trasladarán hacia una acción coordinada de la Unión Europea para incluir a Boko Haram en su lista de organizaciones terroristas —Estados Unidos lo hizo en noviembre de 2013—; un documento pendiente de actualización en el que, por cierto, tampoco figura el grupo liderado por Ahmed Godane (Ali Zubeir) en Somalia.

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J. Comins

J. Comins es politólogo especializado en diplomacia y relaciones internacionales, así como en estudios árabes e islámicos contemporáneos. Tras haber participado en las operaciones de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas en República Centroafricana (MINUSCA) y Mali (MINUSMA) durante varios años, actualmente trabaja como asesor de seguridad para International NGO Safety Organization (INSO) en Afganistán. Además, de manera ocasional, colabora en la publicación de análisis para el Instituto Español de Estudios Estratégicos (Ministerio de Defensa) y el Grupo de Estudios sobre Seguridad Internacional (GESI) del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Granada, entre otros.

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