¿Están locos los terroristas?

Los terroristas exhiben rasgos psicológicos normales y actúan conforme a criterios de racionalidad.

atentados 11M

Fuente: http://inigoortizdeguzmanplus.wordpress.com/


¿Cómo es posible imaginar el asesinato de personas inocentes? ¿Por qué, en algunos casos, los terroristas deciden suicidarse en el momento mismo del ataque? Solo una cosa parece clara: se trata de un comportamiento que resulta difícil de entender.

La idea de un ataque suicida esconde numerosos interrogantes. Uno de ellos, quizás el más habitual, consiste en preguntarse si los terroristas padecen algún desorden de tipo psicológico o social, o si son diferentes al resto de las personas consideradas normales. Ello es así porque, en principio, juzgamos como incomprensible el hecho de que uno o varios individuos puedan, por ejemplo, planear la muerte de miles de personas utilizando aviones comerciales o utilizar explosivos en puntos donde confluyen grandes aglomeraciones humanas. En general, el grado de crueldad de tales atrocidades nos impide pensar con objetividad y analizar el estado de salud mental real de los terroristas.

Terrorismo y racionalidad

Para proyectar algo de claridad sobre esta cuestión y huir de falsos estereotipos, es preciso partir de la propia esencia del terrorismo —mínimamente consensuada entre especialistas, por cierto—. Desde el ámbito académico, el terrorismo se define como un instrumento para alcanzar objetivos políticos mediante el uso de la violencia. Esta se utiliza, principalmente, para difundir el miedo y generar así un impacto social que vaya más allá de los daños materiales y personales que resultan de los propios ataques. La actividad terrorista, por tanto, encierra un elemento de racionalidad; lo que de entrada choca frontalmente con los argumentos basados en la enajenación o demencia de los terroristas.

Aportaciones del enfoque psico-sociológico

Por su parte, los estudiosos de la psicología social sostienen que no existe un perfil particular de terrorista suicida, y que la percepción de los mismos como fanáticos desequilibrados es inconsistente con las evidencias empíricas disponibles —lo que no significa que no pueda haber excepciones—. En cualquier caso, como señala Sprinzak, se trata de fanáticos racionales. Estos comprenden perfectamente el alcance de sus acciones y la finalidad de las mismas. Es más: su ejecución dentro de una cadena de mando es otra prueba de la racionalidad que enmascara el terrorismo.

En la misma línea, y para concluir esta entrada, parece oportuno mencionar las investigaciones de Jerrold M. Post: uno de los académicos más destacados en el campo de la psicología social y política, así como autor del libro The Mind of the Terrorist. La tesis principal de la obra mantiene que los terroristas suelen presentar un cuadro psicológico normal, similar al de cualquier otra persona, ya que de lo contrario supondrían un riesgo para la propia seguridad de los grupos terroristas. Por esta razón, y según el mismo autor, tales organizaciones evitan incluir entre sus filas a sujetos emocionalmente inestables.

Fuente: Terrorism & Counterterrorism: Comparing Theory & Practice. Leiden University.

Libro recomendado:

Speckhard, Anne. 2012. Talking to Terrorists: Understanding the Psycho-social Motivations of Militant Jihadi Terrorists, Mass Hostage Takers, Suicide Bombers & “Martyrs”. McLean, VA: Advances Press.

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J. Comins

J. Comins es politólogo especializado en diplomacia y relaciones internacionales, así como en estudios árabes e islámicos contemporáneos. Tras haber participado en las operaciones de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas en República Centroafricana (MINUSCA) y Mali (MINUSMA) durante varios años, actualmente trabaja como asesor de seguridad para International NGO Safety Organization (INSO) en Afganistán. Además, de manera ocasional, colabora en la publicación de análisis para el Instituto Español de Estudios Estratégicos (Ministerio de Defensa) y el Grupo de Estudios sobre Seguridad Internacional (GESI) del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Granada, entre otros.

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