Refugiados e IDP: la sexta arista del conflicto en Yemen

Escrito por J. Comins para AISH

Yemen no es solamente el país más pobre del mundo árabe y uno de los más deprimidos del planeta; es también el escenario de múltiples conflictos abiertos y simultáneos: colisión de lealtades tribales, enfrentamientos armados en las provincias del norte, movimientos secesionistas en el sur, una intensa lucha antiterrorista que no conoce de límites territoriales y un proceso de transición en ciernes. Todo ello ha generado una profunda crisis humanitaria que tiene como protagonistas a un número creciente de desplazados internos y refugiados provenientes, en su mayoría, de diversos países del Cuerno de África.

Refugees and IDPs in Yemen es el título de la última iniciativa cultural de la Embajada de España en Saná. Se trata de la segunda exposición del fotógrafo español Samuel Aranda en la capital yemení, y ha contado con el patrocinio del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la Embajada de los Países Bajos. Una vez más, el ganador del prestigioso galardón World Press Photo of the Year 2011 ha retratado un sector de la población de Yemen cuyo único error fue, citando al autor de las instantáneas, «nacer y/o encontrarse un lugar y tiempo equivocados». Los IDP  (acrónimo de Internally Displaced People) son los tristemente célebres desplazados internos: miles de personas que se ven obligadas a desertar dentro de su propio país, en ocasiones junto a otros tantos extranjeros; estos en Yemen son, sobre todo, etíopes y somalíes, que huyen de su tierra de origen para refugiarse en otra, si cabe, todavía más insegura; como reza un conocido refrán, salen de Guatemala para entrar en Guatepeor.

Según los datos facilitados por la delegación de ACNUR en Saná —actualizados a 31 de mayo de 2012—, el número de refugiados registrados en Yemen asciende a 224 540 (aunque el Gobierno yemení afirma que son muchos más). La mayoría de ellos proceden de Somalia (214 485) y el resto se distribuye entre Etiopía, Eritrea, Iraq y otros países. Alrededor de 103 000 de los refugiados llegaron en el 2011. En cuanto a los IDP, son ya 486 588 los desplazados en el interior de Yemen como consecuencia de la guerra de Saada, en el norte —dos tercios del total— y, desde mediados del año pasado, por los choques armados entre el ejército yemení y los grupos terroristas en la provincia de Abyán, en el sur del país.

Yemen es el único país de la península Arábiga signatario de la Convención de Ginebra de 1951, sobre el Estatuto de los Refugiados, y su Protocolo de 1967. Además, su legislación interna concede prima facie el estatuto de refugiados a todos los somalíes que huyen de su país. Ahora bien, esta política extraordinariamente generosa hacia los refugiados, habida cuenta de la pobreza y la deteriorada situación económica del país, queda ensombrecida por su carácter discriminatorio respecto a los ciudadanos de otros países. La diferencia de trato hace que solo algunos etíopes decidan solicitar asilo político a su llegada a Yemen. La gran mayoría, por el contrario, intenta esquivar cualquier contacto con las autoridades locales y trata de escabullirse entre las principales ciudades para evitar que su situación —temporalmente ilegal— se vea criminalizada.

No obstante, otros muchos refugiados y buscadores de asilo han optado por hacerse más visibles y denunciar su precaria situación en las calles de Saná. Las protestas estallaron el pasado lunes a las puertas del Ministerio de Derechos Humanos y algunos incluso mencionaron la posibilidad de inmolarse si su situación no mejora. Las decenas de refugiados etíopes, eritreos y somalíes, que ahora viven en la calle, condenaron los abusos cometidos por las fuerzas de seguridad yemeníespara sacarlos de la prisión de inmigrantes la tarde anterior: utilización de gases lacrimógenos, balas de goma y agresiones con barras de hierro.

Por otra parte, «las peleas y escaramuzas por el agua entre los refugiados africanos y la población local se han convertido en escenas diarias», dice Mohamed al-Behish, jefe de la comisaria de policía del distrito de Safia, en Saná. Una situación que tenderá a agudizarse si, como predicen los expertos, la capital se queda sin agua en 2017 como consecuencia del rápido crecimiento de la población y del muy exigente cultivo del qat, que consume el 40 % del agua utilizada en el país para el riego.

El problema más acuciante para los desplazados internos en Abiyán es, además del acceso a las infraestructuras y suministros básicos —escasez de agua y cortes en el suministro—, el retorno a sus hogares en condiciones de seguridad. No hay que olvidar que, durante las últimas semanas, la existencia de minas ha provocado la muerte de varias decenas de personas. Pero, además, los problemas de malnutrición, hacinamiento en los campos e inexistencia de sistemas para el tratamiento de aguas residuales, convierten a los IDP en víctimas vulnerables e indiscriminadas enfermedades como el cólera.

Aproximadamente el 17,5 % de la población  yemení vive bajo el umbral de la pobreza, con menos de 1,25 dólares al día, según elPrograma de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Además, la última encuesta del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en colaboración con  la Oficina Central de Estadísticas de Yemen y UNICEF, sostiene que cinco millones de habitantes del país no tienen capacidad para producir o comprar la comida que necesitan. A pesar de ello, no se hace nada por acabar con la corrupción rampante que, desde hace tiempo, contamina la cadena de ayuda. Como denuncia Fátima Motaher, miembro del Sindicato de Periodistas de Yemen, dicha corrupción no solo está presente en el Gobierno yemení, sino que se ha trasladado a la sociedad civil y las organizaciones internacionales que operan en el país.

Teniendo en cuenta la situación descrita, el Ejecutivo presidido por Hadi se enfrenta a un desafío de grandes proporciones: ganarse «los corazones y las mentes» de los yemeníes —sobre todo, de los vulnerables desplazados internos—, sin olvidarse de los refugiados, a través de la implantación  progresiva de servicios sociales básicos. Una batalla en la que, por el momento, está siendo aventajado por ciertos líderes tribales y grupos de extremistas radicales.

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J. Comins

J. Comins es politólogo especializado en diplomacia y relaciones internacionales. Durante los últimos años ha participado en las operaciones de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas en República Centroafricana (MINUSCA) y Mali (MINUSMA), y trabajado como asesor de seguridad en el ámbito humanitario para la fundación International NGO Safety Organisation (INSO) en Afganistán. De manera ocasional, colabora en la publicación de análisis para el Instituto Español de Estudios Estratégicos (Ministerio de Defensa) y el Grupo de Estudios sobre Seguridad Internacional (GESI) del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Granada.

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