Líbano: Cuando el río [Litani] suena… tambores de guerra lleva

Escrito por J. Comins y editado por Pilar Comín para AISH

Durante las últimas semanas, la ciudad de Trípoli se ha convertido en escenario del enfrentamiento entre suníes y alauíes, o lo que es lo mismo, entre los que apoyan la revuelta siria y los partidarios del régimen de Bashar al-Asad. Cuando todo hacía pensar en el sectarismo como causa de la más que probable desestabilización del Líbano, una nueva escalada retórica proveniente de las fuerzas armadas israelíes ha dado al traste con todas las previsiones. Desde 2006, la sombra de un nuevo episodio bélico siempre ha estado presente en los planeamientos estratégicos; pero ahora, con la crisis siria como telón de fondo, Israel y Hezbolá se preparan para mostrar a la comunidad internacional que están dispuestos a iniciar la tercera guerra del Líbano.

La capacidad operativa de Hezbolá ha aumentado notablemente durante el último lustro. Las imágenes de Google Earth revelan la existencia de infraestructuras construidas a partir de 2006 y situadas en zonas estratégicas: las montañas del valle de la Becaa —a lo largo de la frontera con Siria—, y las proximidades de la ciudad de Yasín, lugar donde se encuentran sus principales bastiones de resistencia contra Israel. Aunque se discute la naturaleza de las instalaciones, los analistas de inteligencia de imágenes afirman que podría tratarse de campos de entrenamiento para usos muy concretos —aunque no descartan que se trate de una maniobra de engaño.

Más allá de cualquier conjetura, lo más preocupante para el Estado Mayor israelí es la expansión del potencial balístico de la organización liderada por Nasralá. Como él mismo afirmó a la cadena de televisión iraní Al Alam, las capacidades militares actuales distan mucho de las de la fase anterior del conflicto. El nuevo arsenal está compuesto, entre otras armas, por sistemas de misiles tierra-aire S-300 capaces de reducir la superioridad de las fuerzas aéreas israelíes. Además, según el rotativo libanés The Daily Star, el régimen sirio estaría ocultando misiles Scud en Líbano bajo la protección de Hezbolá, temeroso de que el Ejército Libre de Siria (ELS) le arrebate parte de su armamento más sofisticado. De ser así, la seguridad de Israel se vería seriamente comprometida. Dichos misiles poseen un alcance de hasta 700 km, lo que significa que lanzados desde el norte del Líbano podrían golpear objetivos vitales en el interior de Israel. Por tanto, el partido-milicia chií habría traspasado una de las líneas rojas que Tel Aviv no parece dispuesto a tolerar.

El Gobierno israelí quiere evitar a toda costa los desatinos cometidos en la segunda guerra del Líbano; precisamente infravalorar la preparación y el potencial armamentístico de Hezbolá fue su principal error estratégico en el 2006. Desde entonces, el adiestramiento de su ejército —y también de la población civil— ha constituido una de las prioridades en la agenda del ministerio de Defensa. Tel Aviv es consciente de los desafíos planteados por el nuevo escenario regional. Aprovechando que Siria se desangra lentamente, las Fuerzas de Defensa de Israel se preparan para la tercera guerra del Líbano. Un conflicto que puede estallar en cualquier momento y que puede llevar a una escalada de violencia sin precedentes, según las declaraciones de un oficial de alto rango israelí para el diario Haaretz.

Habida cuenta la actual crisis siria, la determinación de Tel Aviv puede verse reforzada por la dificultad que supone para el régimen de Bashar al-Asad apoyar a sus aliados chiíes en el país vecino. A lo que habría que unir la vulnerabilidad propia de Hezbolá, incapaz de ejercer un control absoluto sobre su entorno operacional. Prueba de ello es el descubrimiento, esta misma semana, de sistemas de espionaje israelíes en su red privada de comunicaciones al norte del río Litani, en las localidades de Srariya y Rsay.

Paralelamente al incremento de sus capacidades militares, Hezbolá parece estar dilapidando parte del prestigio acumulado desde su fundación en 1982 para luchar contra la ocupación israelí del Líbano. Su papel como símbolo de la resistencia chií por antonomasia en el mundo árabe y como agente social que cuenta con una nutrida red de servicios de atención social es incuestionable. Pero también hay que tener en cuenta que su influencia podría verse alterada como consecuencia del cambio de percepción de la sociedad árabe hacia la figura de Bashar al-Asad[1][1], cuya alianza con Hezbolá, aunque lejos de romperse, podría ir en detrimento de la legitimidad del partido-milicia prosirio y proiraní.

Mientras tanto, el Líbano languidece como un hombre enfermo, rodeado por un Estado enemigo y por otro en guerra consigo mismo, que violan sistemáticamente su soberanía territorial; constreñido por un sistema político secuestrado por el confesionalismo inoperante y presa de su propio destino como escenario de guerra permanente.

 


[1] Según el barómetro de opinión árabe publicado por el Arab American Institute a finales de 2011, los seis países encuestados —incluido Líbano—muestran, sin ningún tipo de reservas, su rechazo hacia el líder sirio y el régimen represor que representa.

 

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J. Comins

J. Comins es politólogo especializado en diplomacia y relaciones internacionales, así como en estudios árabes e islámicos contemporáneos. Tras haber participado en las operaciones de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas en República Centroafricana (MINUSCA) y Mali (MINUSMA) durante varios años, actualmente trabaja como asesor de seguridad para International NGO Safety Organization (INSO) en Afganistán. Además, de manera ocasional, colabora en la publicación de análisis para el Instituto Español de Estudios Estratégicos (Ministerio de Defensa) y el Grupo de Estudios sobre Seguridad Internacional (GESI) del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Granada, entre otros.

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